martes 6 de octubre de 2026
“La paciencia ante el enfermo: amar, comprender y acompañar”
La enfermedad no solo pone a prueba a quien la padece, sino también a quien lo cuida. El dolor, el miedo y la impotencia pueden volver al enfermo irritable, obstinado o difícil de comprender.
Por eso, tener paciencia no significa soportarlo todo en silencio, sino aprender a mirar más allá de sus reacciones y descubrir el sufrimiento que muchas veces se esconde detrás de ellas.
Acompañar a un enfermo es también una forma de amar: escuchar cuando cuesta, comprender cuando no entendemos y permanecer cerca cuando el cansancio invita a alejarnos.
A veces, la mejor medicina que podemos ofrecer no viene de una farmacia: se llama paciencia, ternura y presencia.
“Revístanse de entrañable misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia.” Colosenses 3,12
— Padre José Palmar
