viernes 9 de octubre de 2026
LA ENFERMEDAD TAMBIÉN NOS HABLA
El cuerpo primero susurra; si no lo escuchamos, termina gritando. La enfermedad nos recuerda que somos frágiles y que la salud no es eterna. Cuidarnos también es agradecer a Dios el don de la vida.
No esperemos perder la salud para descubrir cuánto valía. La enfermedad derrumba orgullos. En una cama de hospital poco importan el dinero, los títulos, las apariencias o quién tenía la razón. Allí comprendemos que respirar sin dificultad, caminar sin dolor, dormir tranquilos y despertar cada mañana son riquezas que no tienen precio.
Dios no necesita enfermarnos para hablarnos. Pero cuando atravesamos la enfermedad, Él puede transformar nuestra fragilidad en una escuela espiritual: aprender a cuidarnos, perdonar, agradecer, descansar, amar y poner nuevamente en orden nuestra vida. La salud es la gloria de Dios, la enfermedad es encontrarnos con su rostro en la cruz.
«¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?» (Mc 8,36).
— Padre José Palmar
